Riesgos laborales al trabajar con lluvia y frío en invierno
Trabajar en invierno no siempre es sencillo. La lluvia, el frío, la humedad y los cambios bruscos de temperatura hacen que las jornadas laborales sean más incómodas y exigentes, especialmente en trabajos al aire libre o en entornos donde el contacto con el agua es habitual.
El frío constante, la ropa mojada o la sensación de humedad durante horas no solo resultan molestos, sino que también influyen en la concentración, el ritmo de trabajo y la seguridad. En estas condiciones, el riesgo de accidente laboral aumenta, incluso en tareas que el resto del año se realizan sin dificultad.
En este artículo repasamos los riesgos de trabajar con lluvia y frío en invierno y la importancia de contar con una protección adecuada.
Cómo afectan la lluvia y el frío al trabajo diario
La lluvia, el frío y la humedad reducen el confort durante la jornada laboral y aumentan la fatiga. Trabajar mojado o a bajas temperaturas afecta a la concentración y a la agilidad, lo que incrementa el riesgo de errores.
Además, las superficies mojadas se vuelven más resbaladizas, haciendo que desplazamientos habituales puedan convertirse en situaciones de riesgo si no se adoptan las medidas de prevención adecuadas.
El frío prolongado también influye en el rendimiento, ya que dificulta mantener una temperatura corporal confortable durante toda la jornada.



La importancia de una protección adecuada en invierno
Para reducir estos riesgos, es fundamental contar con equipos adecuados a las condiciones climáticas. En invierno, la protección frente al agua y la estabilidad cobran especial importancia, especialmente en los elementos que están en contacto directo con el suelo durante toda la jornada.
En este contexto, el calzado desempeña un papel clave, ya que influye tanto en el confort como en la seguridad en cada desplazamiento.
Protección frente al agua en el calzado
En trabajos con lluvia o humedad, es importante que el calzado limite la entrada de agua. A partir de las categorías S2, P2 y O2, incluidas estas, el calzado incorpora protección frente a la penetración y absorción de agua.
○ Resistencia a la penetración y absorción de agua (WPA)
Con la nueva versión de la norma (2022), esta propiedad se identifica como WPA y resulta adecuada para exposiciones ocasionales al agua o para trabajos en ambientes húmedos.
Cuando la exposición al agua es más intensa o continuada, existen niveles superiores que incorporan:
○ Resistencia al agua del zapato completo.
Esta característica está presente en los. niveles S6, S7, P6, P7, O6 y O7, y está pensada para entornos con contacto frecuente o prolongado con el agua.
Estabilidad en superficies mojadas
Durante el invierno, el estado del suelo cambia de forma constante. Barro, lluvia o humedad pueden afectar a la estabilidad del trabajador y aumentar el riesgo de resbalones y caídas.
Los niveles S3, S7, P3, P7, O3 y O7 incorporan suela con resaltes, diseñada para mejorar el agarre y favorecer una pisada más estable en superficies mojadas o irregulares.
Resistencia al deslizamiento según la normativa vigente
En relación con la resistencia al deslizamiento, la nueva versión de la norma (2022) introduce cambios relevantes. Actualmente, todo el calzado se ensaya sobre baldosa cerámica con detergente.
Cuando, además, el calzado supera el ensayo adicional sobre baldosa cerámica con glicerina, se identifica con el marcado SR, lo que indica un mayor nivel de resistencia al deslizamiento en condiciones especialmente exigentes.
Este marcado resulta especialmente relevante en entornos donde la lluvia, la humedad o las superficies mojadas están presentes de forma habitual.
Errores habituales en trabajos de invierno
- Trabajar con calzado que no ofrece protección frente al agua
- Usar calzado con la suela desgastada en superficies mojadas
- No adaptar el calzado al nivel real de exposición al frío y la humedad
Estos factores incrementan el riesgo de accidente y afectan al confort del trabajador.
Trabajar con lluvia y frío en invierno no solo resulta incómodo, sino que también implica riesgos que deben tenerse en cuenta. La elección de un calzado adecuado, con las propiedades necesarias para estas condiciones, contribuye a mejorar el confort, la estabilidad y la seguridad durante la jornada laboral.
Adaptar el equipamiento a las condiciones climáticas es una medida preventiva básica para reducir accidentes y mejorar el bienestar del trabajador en los meses de invierno.
