Septiembre suele ser sinónimo de vuelta a la rutina. Después de las vacaciones, muchas empresas recuperan su actividad habitual y volvemos a jornadas, horarios y tareas que exigen estar preparados desde el primer día. Y si hay un elemento del equipo de trabajo que merece unos minutos de atención antes de volver, es el calzado de seguridad.
Estamos acostumbrados a ponérnoslo cada mañana casi de forma automática, pero ¿cuándo fue la última vez que comprobaste realmente su estado?
El uso continuado, las condiciones del entorno de trabajo, la humedad, la suciedad, los golpes o simplemente el paso del tiempo pueden provocar un deterioro progresivo. Por eso, la vuelta a la rutina puede ser un buen momento para revisar el calzado y asegurarnos de que continúa en buenas condiciones.
1. Empieza por revisar la suela
Dale la vuelta al calzado y observa detenidamente la suela.
Es una de las zonas sometidas a un mayor desgaste, especialmente en trabajos que requieren caminar durante muchas horas, permanecer de pie o desplazarse sobre superficies exigentes.
Comprueba si existen zonas excesivamente desgastadas o lisas, grietas, cortes, desprendimientos o cualquier daño que pueda alterar su comportamiento.
También es importante prestar atención a si el desgaste es uniforme. Cuando determinadas zonas están mucho más deterioradas que otras, puede cambiar la forma en la que el pie apoya sobre el suelo y afectar a la estabilidad durante la jornada.
No hay que esperar necesariamente a encontrar una suela completamente deteriorada para prestarle atención. Su estado debería revisarse periódicamente, especialmente cuando el calzado tiene un uso intensivo.
2. Comprueba el estado exterior del calzado
La siguiente revisión puede hacerse a simple vista.
Observa detenidamente el corte, las costuras y las diferentes uniones del calzado. Busca grietas, desgarros, zonas despegadas, costuras abiertas o materiales especialmente deteriorados.
Presta especial atención a la unión entre el corte y la suela, así como a aquellas zonas que reciben más flexiones durante la marcha.
El entorno de trabajo influye mucho en este desgaste. No está sometido a las mismas condiciones un trabajador de almacén que una persona que desarrolla su actividad en exteriores, en construcción, en industria o en ambientes con humedad.
Por este motivo, además de elegir un calzado adecuado para los riesgos asociados al puesto, es importante comprobar periódicamente cómo está respondiendo a esas condiciones.
3. El interior también importa
Que un calzado tenga buen aspecto exterior no significa necesariamente que todo esté en perfecto estado.
El interior también sufre desgaste con el paso de las jornadas.
Retira la plantilla, si el modelo lo permite, y comprueba su estado. Una plantilla excesivamente deformada o deteriorada puede afectar al confort y al apoyo del pie.
Haz lo mismo con el forro interior. Busca roturas, zonas especialmente desgastadas o cualquier irregularidad que pueda provocar molestias durante el uso.
El deterioro interior puede pasar desapercibido porque no es visible cuando nos ponemos el calzado. Sin embargo, puede influir directamente en cómo se siente después de varias horas trabajando.
Por eso, una revisión completa nunca debería limitarse únicamente al exterior.
4. Revisa los cordones y el sistema de cierre
El calzado de seguridad debe permanecer correctamente ajustado al pie.
Comprueba el estado de los cordones, ojales y demás elementos que formen parte del sistema de cierre. Si utilizas un modelo con un sistema de ajuste diferente, verifica igualmente que funciona correctamente y permite sujetar el pie de forma estable.
Un cordón a punto de romperse, un ojal deteriorado o un cierre que ya no mantiene el ajuste pueden parecer problemas menores, pero afectan directamente a la forma en la que llevamos el calzado.
Póntelo, ajústalo como haces habitualmente y camina unos minutos.
¿El talón permanece sujeto? ¿Notas que el pie se desplaza más de lo habitual? ¿Puedes ajustar ambos pies correctamente?
Si algo ha cambiado respecto a cuando el calzado estaba en mejores condiciones, conviene identificar la causa.
5. Presta atención a golpes, cortes y daños importantes
Hay ocasiones en las que el deterioro no se produce poco a poco, sino como consecuencia de un incidente concreto.
Una caída de un objeto pesado, un corte, una perforación o cualquier situación que pueda haber dañado el calzado merece una revisión especial.
Esto es especialmente importante cuando el incidente ha podido afectar a alguno de sus elementos de protección.
Aunque externamente no siempre sea posible apreciar todo el daño, un calzado que ha sufrido un incidente importante no debería seguir utilizándose automáticamente sin valorar previamente su estado.
Cuando exista cualquier duda sobre si sus propiedades de protección pueden haberse visto comprometidas, lo adecuado es valorar su sustitución.
No existe una fecha universal para cambiar el calzado de seguridad
Una pregunta habitual es cada cuánto tiempo debería sustituirse un par de calzado de seguridad.
La realidad es que no existe una única respuesta válida para todos los trabajadores.
La duración dependerá de muchos factores: la frecuencia de uso, el tipo de actividad, las superficies sobre las que se trabaja, las condiciones ambientales, el mantenimiento realizado y el propio desgaste que haya experimentado el calzado.
Dos pares del mismo modelo pueden encontrarse en estados muy diferentes después del mismo periodo de tiempo si han sido utilizados en entornos y condiciones distintas.
Por eso, más que esperar a alcanzar una fecha determinada, es importante establecer el hábito de revisar periódicamente su estado.
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