Mientras gran parte de la gente termina el día, hay quienes están empezando su jornada. Personal sanitario, trabajadores de almacenes y fábricas, vigilantes, transportistas, operarios de mantenimiento… Para muchos profesionales, trabajar de noche forma parte de su rutina.
Pero para nuestro cuerpo no es exactamente lo mismo trabajar a las diez de la mañana que hacerlo a las tres de la madrugada. Aunque podamos acostumbrarnos a determinados horarios, nuestro organismo sigue estando condicionado por un reloj interno que regula cuándo estamos más despiertos, cuándo sentimos sueño e incluso cómo funcionan procesos como la digestión o la temperatura corporal.
Tu reloj interno sigue funcionando
El organismo humano funciona siguiendo los llamados ritmos circadianos, ciclos de aproximadamente 24 horas que están muy relacionados con la alternancia entre luz y oscuridad.
La luz ayuda a indicar a nuestro cerebro que es momento de mantenerse activo, mientras que la oscuridad favorece los procesos relacionados con el descanso. Por eso, cuando una persona trabaja durante la noche, se produce cierta contradicción: necesita estar activa precisamente en unas horas en las que su organismo tiende a prepararse para dormir.
Esto explica por qué el cansancio que aparece durante un turno nocturno no depende únicamente de cuántas horas llevamos trabajando.
Entre las 2 y las 6 de la mañana, mantenerse alerta puede resultar más difícil
No todas las horas de la noche afectan igual.
Según el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (NIOSH), uno de los periodos en los que puede aparecer una mayor somnolencia entre quienes trabajan de noche se encuentra aproximadamente entre las 2:00 y las 6:00 de la mañana.
Es precisamente en esas horas cuando mantener la atención puede requerir un esfuerzo adicional.
Y en determinados trabajos esto cobra especial importancia. Manejar maquinaria, conducir, realizar tareas repetitivas o desplazarse continuamente por un entorno industrial exige mantener la concentración durante toda la jornada.
Además, dormir de día tampoco es exactamente igual
Termina el turno. Llegas a casa. Bajas las persianas y te metes en la cama. En teoría, simplemente toca recuperar las horas de sueño.
En la práctica, puede resultar algo más complicado.
El reloj biológico continúa recibiendo durante el día señales que favorecen la actividad y el estado de vigilia. Por eso, algunas personas que trabajan de noche pueden quedarse dormidas rápidamente después del turno pero despertarse antes de haber descansado suficientemente o tener un sueño más fragmentado.
A ello se añaden factores bastante cotidianos: luz exterior, tráfico, llamadas, vecinos o simplemente el hecho de que el resto de la sociedad continúa con su actividad habitual.
No solo cambia el sueño
El trabajo nocturno puede alterar otras rutinas que normalmente damos por hechas.
Las horas de las comidas cambian, disminuye la exposición habitual a la luz solar y también puede resultar más difícil mantener horarios regulares de descanso, ejercicio u ocio.
De hecho, nuestros ritmos diarios también intervienen en funciones relacionadas con el apetito, la digestión, la temperatura corporal y el estado de ánimo.
Por eso, trabajar de noche no significa únicamente “tener sueño a otra hora”. Supone pedirle al organismo que mantenga su actividad cuando biológicamente está preparado para reducirla.
El cansancio también es una cuestión de seguridad
Cuando hablamos de prevención de riesgos laborales solemos pensar rápidamente en caídas, golpes, maquinaria o equipos de protección.
Sin embargo, la fatiga también puede convertirse en un factor de riesgo.
La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo señala que el trabajo nocturno está relacionado con mayores niveles de fatiga y con un incremento del riesgo de errores y accidentes.
Por eso resulta especialmente importante prestar atención a las condiciones en las que se desarrolla una jornada nocturna: organización de los turnos, descansos, iluminación, carga de trabajo y equipamiento adecuado para la tarea.
Cuando la ciudad duerme, alguien sigue trabajando
Muchas de las cosas que encontramos listas cada mañana han seguido funcionando durante toda la noche.
Mercancías que han llegado a un almacén. Hospitales que no han cerrado. Fábricas que han continuado produciendo. Carreteras que han seguido teniendo tráfico. Instalaciones que han permanecido vigiladas.
Detrás de esa actividad hay miles de personas trabajando en unas condiciones en las que el propio organismo tiene que hacer un esfuerzo adicional para mantenerse activo.
Porque trabajar de noche no consiste simplemente en cambiar unas horas por otras.
En este tipo de jornadas, contar con un equipamiento adecuado también forma parte de la prevención. Ropa de trabajo, elementos de protección y un calzado de seguridad adaptado al puesto pueden ayudar a afrontar mejor muchas horas de actividad, desplazamientos y trabajo de pie, especialmente cuando el cansancio empieza a acumularse.
En Paredes Seguridad puedes encontrar calzado de seguridad diseñado para diferentes entornos y necesidades profesionales, con soluciones pensadas para acompañar al trabajador durante toda la jornada.
Porque trabajar de noche no consiste simplemente en cambiar unas horas por otras.
Cuando tu jornada empieza mientras los demás duermen, también cambia la forma en la que tu cuerpo afronta esas ocho horas de trabajo.
